Javier Rodríguez Ponte "Taky"

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Cata de quesos artesanales en Monterroso

El pasado domingo, participé como jurado, en una cata de un producto tan auténticamente gallego como pocos. Junto con otros compañeros de NOVE, del España, del Paprica y del Mercadito nos enfrentamos en Monterroso a la primera “Cata-Concurso de Queixos Artesanales de la comarca de Ulloa”

Estos quesos, llamados popularmente “queixos de nabiza” en su formato final , representan la evolución en curado de un queso base tipo arzua-ulloa. Son tirando a amarillitos y de un peso aprox. de 500-650 gramos.

El nombre de queso de nabizas, viene de que se hacen en el tiempo de las nabizas (es decir, principalmente de diciembre a febrero) que es cuando las vacas están mejor alimentadas y dan una leche de calidad superior en cuanto a sabor y contenido graso. Las vacas en concreto, rubias gallega en mayoría, predominantes en la zona.

Así que con esta leche tan sabiamente seleccionada, se hacen estos quesos de producción totalmente artesanal y casera, que se van curando lentamente con mucho mimo, vueltas, secados y cambios de paños de algodón en hórreos, huchas o alacenas frescas hasta aproximadamente 6 meses de curación (también los probamos de un año, notoriamente más secos y concentrados). Nos dieron a probar muestras de los 19 quesos presentados. Nuestra labor fue valorar dichos quesos en función de su aspecto (tanto interior como exterior), textura, olor-aroma y por supuesto, sabor.

El ejemplar n 14 se alzó con el primer premio. Estaba francamente sabroso. Si tuviera que definirlo, diría que tenía un aspecto exterior dorado y brillante, un tanto aceitado. Una pasta amarillenta con algún pequeño ojo. Estaba saladito y presentaba un sabor amantequillado con notable fuerza y profundidad. Tenía un ligero puntito picante y rancio.

Son quesos más complejos que los típicos gallegos que todos conocemos y que aunque particularmente me encantan, estos, son otro rollo. Lo que más me impresionó personalmente, fue el hecho de que a pesar de ser quesos curados, un tanto secos y quebradizos al tacto, eran tremendamente cremosos en boca.

La ganadora, aparte del reconocimiento, premio en metálico y trofeo, se llevo el placer de ver subastada su cesta (con 13 unidades) por 350 euros acto seguido al anuncio del premio.

Me encantó probar un producto de tradición más que ancestral tan poco conocido y que busca su sitio. La personalidad de estos quesos era si cabe, tan puramente gallega como la de las mujeres que lo elaboran.

Si tenéis la oportunidad de adquirir alguno, sin duda lo recomiendo.